Y SI ROMPO LA BOLSA QUE

Rotura de aguas e información sesgada: desmontemos el mito
diciembre 13, 2011 por elpartoesnuestro 

Por Laura C.

Leo este artículo titulado “Las 24 horas decisivas tras romper aguas“, publicado en el periódico de El Mundo (10/11/2011, por Isabel F. Lantigua) y lo siento, pero no puedo quedarme de brazos cruzados. Me queman los dedos de ganas de escribir al ver que la información que se recoge no es objetiva ni refleja con veracidad lo que la comunidad científica ha demostrado sobre este tema. Así que, si me lo permitís, voy a intentar ofrecer una visión más crítica, con más perspectiva y más objetiva de este tema que, por desgracia, afecta a muchos de nuestros partos y sobre el que se generan demasiados miedos.
Comienza la redactora afirmando que el parto empieza cuando una mujer rompe aguas. Falso, señoras y señores. La rotura de la bolsa no tiene por qué darse al inicio del parto; es más, hay niños que nacen con la bolsa intacta, aunque, es cierto, no es lo habitual. Lo más frecuente es que las aguas se rompan en algún momento del trabajo de parto, la mayoría de veces de forma artificial por el propio personal sanitario, p
ero no necesariamente al inicio, repito.

La ginecóloga consultada por el diario, María Jesús Cancelo (por cierto, vicepresidenta de la SEGO…) afirma, basándose en un artículo publicado por M.E. Hannah y colaboradores en 1996 en el New England Journal of Medicine [1], que:

“Si no se actúa y se deja el líquido suelto se corre el riesgo de que se produzca una amnionitis, una infección que afectaría sobre todo al feto pero que también puede perjudicar a la madre. Por eso, lo más apropiado es provocar el parto mediante distintos fármacos si éste no se produce por sí solo entre las 12 y las 24 horas posteriores a la rotura”.

Y digo yo, ¿y por qué 12-24 horas? ¿Y lo de mayor riesgo para el bebé? ¿Seguro que es así? Es que me llama poderosamente la atención que muchos profesionales, entre los que se encuentra esta “experta” hagan tanto hincapié en estos argumentos… ¡¡pero más aún cuando citan como fuente precisamente este estudio!!
Si alguien se toma la molestia de leer en detalle dicho estudio verá que no es eso lo que dice. En primer lugar, lo de las “veinticuatro horas decisivas” se lo sacan de la manga desde la redactora hasta la ginecóloga y la matrona, pues en el estudio que citan se dio a las mujeres hasta cuatro días de tiempo para ponerse de parto por sí mismas antes de la inducción.

En Inglaterra, por ejemplo, es típico esperar 72 horas y la verdad es que cada hospital decide “de motu proprio” y de forma arbitraria dónde quiere poner el límite de esa ”espera”. Si nos ceñimos al estudio en cuestión, esperar significa cuatro días sin intervenciones de ningún tipo y esto incluye los tactos, a los que dedicaré un apartado especial más adelante.

En segundo lugar, hay que ver qué efectos adversos tuvo el esperar ese tiempo para la madre y el bebé. Las conclusiones de los autores fueron que hubo más casos de infección materna (corioamnionitis) pero no una mayor tasa de infección neonatal. Lo que sí hubo fueron más ingresos de bebés en la UCI, (¡pues claro!, para observarlos), pero no más infecciones.

Como decía, quizá el efecto más adverso fue para la madre y aun así no fue nada grave. Es decir, que el manejo expectante no supuso un mayor riesgo para los bebés ni les produjo efectos adversos. Un dato muy importante para tomar decisiones, porque uno se queda frío cuando en este artículo de El Mundo se hace tanto énfasis en infundir miedo por lo peligroso que puede ser para el bebé esperar más de 24 horas. La inducción (y sólo con oxitocina, porque las prostaglandinas son un peligro) parece suponer un ligero beneficio por la prevención de esos casos de infección materna, pero no se contraindica el manejo expectante. Esperar (no solo 24 horas, sino hasta ¡cuatro días!) es una opción segura y por ello al menos debería constar dentro del abanico para que la mujer elija. No deben ser los protocolos, muchas veces obsoletos y trasnochados, los que decidan, sino la mujer, informada completa y verazmente por el personal sanitario.

Pero a uno le surgen más dudas ante estos datos. ¿Es todo una cuestión de tiempo? ¿No hay más factores implicados en el riesgo de infección?

Pues si vamos más allá de lo que dice este artículo y consideramos también los muchos otros estudios que también hay al respecto, veremos que este riesgo, según ha demostrado la evidencia científica, se reduce de forma considerable si dejamos a la mujer tranquila y evitamos introducir los dedos o instrumentos por su vagina para no arrastrar posibles bacterias. Por ejemplo, se sabe que el monitor interno aumenta mucho los riesgos de sepsis [2]. Si la madre, además, es portadora de estreptoco, el riesgo de infección grave para el bebé se incrementa ¡¡hasta 8 veces!! [3].

Los tactos vaginales son una importante fuente de infección, tanto que constituyen una variable independiente [4]. ¡Es el factor predictivo más importante que se relaciona con la aparición de una corioamnionitis!; ¡más aún que el tiempo desde la rotura de membranas! Se relaciona más el riesgo de infección con el tiempo desde el primer tacto que desde la rotura en sí misma. Es más, en este mismo estudio de Hannah del New England Journal of Medicine se puede constatar que parte de la reducción del riesgo de coriomanionitis asociado a las mujeres que optan por la inducción es asociable a que tuvieron un menor número de tactos vaginales. El menor riesgo parece venir por una duración del trabajo de parto en sí menor, que se beneficia de un menor número de tactos, pero no por un tiempo de espera menor. Por ejemplo, las nulíparas, que suelen tener partos más largos y por ello son más susceptibles de tener más tactos, también son las que más riesgo de infección tienen. Ante tiempos de espera similares, las multíparas tienen menor riesgo de infección.

Pero, claro, esto no solo se omite como parte fundamental de la información que esta periodista y la ginecóloga entrevistada nos ofrecen, sino que en nuestros hospitales no suele ser tampoco una opción. De hecho, la primera intervención que recibe una parturienta cuando pone el pie en Urgencias, haya o no trabajo de parto, es justamente un tacto vaginal, con lo cual ya están incrementando de forma innecesaria el riesgo de una posible infección. Aparte de que, si no hay trabajo de parto franco y establecido, no tiene demasiado sentido hacer tactos. Hay otras maneras de evaluar el estado de dilatación del cérvix, pero parece que muchos profesionales no se han enterado aún. En ese mismo artículo que cita la señora vicepresidenta de la SEGO se habla de la importancia de esto y de la posibilidad de evaluar la dilatación por visualización con un espéculo, que es un método mucho menos invasivo. No se debería hacer ni un solo tacto hasta que la mujer no tiene una dinámica de parto muy clara y en este grupo de mujeres se debería poner especial cuidado en intentar que siempre sean los mínimos posibles.

También podemos preguntarnos, dado que este estudio además es de hace la friolera de quince años, ¿qué han aportado los estudios posteriores a este? ¿Esto sigue vigente? ¿O ha cambiado algo desde entonces que sugiera que el tiempo de espera se debería reducir o que no es seguro el manejo expectante?

Por ejemplo, en 2006 la Cochrane hizo una revisión científica incluyendo este y otros estudios y llegó a la conclusión de que la diferencia entre esperar o inducir no estaba tan clara, que los beneficios de inducir no eran muy superiores respecto de esperar y que solo se reflejaban en todo caso en materia de profilaxis antibiótica e infección materna, pero en ningún caso se traducía la espera en efectos adversos para el bebé.

En la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva queda claro que lo más importante es minimizar las fuentes de infección en estas mujeres y especialmente en las portadoras de estreptococo positivo: evitar los tactos, no realizar monitorización interna, no limpiar el vérmix del bebé, realizar contacto piel-con-piel desde el principio y fomentar la lactancia materna para reforzar al máximo el sistema inmune del bebé.

Claro, si los hospitales no tienen en cuenta todas estas premisas y hacen tactos vaginales a tutiplén, separan a los bebés o perjudican la lactancia materna, entonces el manejo expectante podría no ser tan seguro, pero el problema no es esperar, sino cómo ciertos hospitales actúan durante esa espera, cómo manejan esos partos o cómo tratan al bebé tras el parto.

Por cierto, no dejéis de leer con atención el último párrafo: “Aunque a priori, esta ruptura de aguas temprana no debería dar problemas (…)”. Digo yo, entonces, ¿por qué alarmarnos?


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[1] ME Hannah, A Ohlsson, D Farine, SA Hewson, E Hodnett and TL Myhr, et al. Induction of labor compared with expectant management for prelabor rupture of membranes at term. N Engl J Med, 334 (1996), pp. 1005–1010.

[2] – ER Newton, TJ Prihoda and RS. Gibbs, Logistic regression analysis of risk factors for intra-amniotic infection. Obstet Gynecol, 73 (1989), pp. 571–575.

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- DE Soper, CG Mayhall and JW. Froggatt, Characterization and control of intraamniotic infection in an urban teaching hospital. Am J Obstet Gynecol, 175 (1996), pp. 304–310.

[3] Gill, P., et al., Mortality from early neonatal group B streptococcal sepsis: influence of obstetric factors. J Matern Fetal Med, 1997. 6(1): p. 35-9.

[4] – Seaward PG, Hannah ME, Myhr TL, et al. International Multicentre Term Prelabor Rupture of Membranes Study: evaluation of predictors of clinical chorioamnionitis and postpartum fever in patients with prelabor rupture of membranes at term. Am J Obstet Gynecol. 1997 Nov; 177(5):1024-9.

- DE Soper, CG Mayhall and JW. Froggatt, Characterization and control of intraamniotic infection in an urban teaching hospital. Am J Obstet Gynecol, 175 (1996), pp. 304–310.

Concebir de forma consciente

Me contaron una vez sobre los indios Sioux norteamericanos, que cuando las parejas se sienten preparadas para tener un hijo, se miran el uno al otro, se acercan y se dicen al oído ‘cuakté’, en señal de que están disponibles para albergar una nueva vida.
A partir de entonces comienzan a hacer un ritual de purificación: dejan de comer algunos alimentos e incorporan otros que les van a ayudar en la concepción, plantas, raíces, frutas… este ritual de purificación va acompañado del baño en las aguas del río Tacumé, aguas que son purificadoras de la mente, las emociones y el espíritu. Este ritual dura un ciclo lunar.
Cuando acaba el baño buscan un lugar para hacer el amor, juntos, dejándose guiar por el lenguaje de las plantas, los anímales, la tierra y el cielo, cuando lo encuentran, cada uno se sienta enfrente del otro, en silencio, y le piden a su ser interior que les ayude en la concepción. A continuación empiezan a emitir un cántico para llamar a la nueva alma que ha de encarnarse a través de ellos. Un cántico que brota del corazón. Y después, mientras sus cuerpos se entrelazan, sus almas invocan a la Gran Madre y al espíritu de la unidad…
Y cuando acaban, permanecen juntos y en silencio, en el mismo lugar, durante un día, sintiéndose sostenidos por la Gran Madre Tierra y protegidos por el Gran padre Cielo.
(Conferencia Educando desde el útero materno por Mònica Manso)

Estudio de obstetricia sobre los efectos de una doula en el trabajo de parto y el parto

APORTES DE LAS DOULAS A LA OBSTETRICIA MODERNA



Verónica Valdés L.1, Ximena Morlans H.1

1Departamento de Medicina Familiar, Escuela de Medicina, Universidad Católica de Chile.


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RESUMEN

Este artículo tiene como objetivo realizar una revisión de la evidencia disponible en relación con la presencia de una "doula" durante el parto. Llamamos "doula" a una mujer que acompaña a otra durante el trabajo de parto y parto, brindando apoyo emocional continuo durante este periodo. Desde hace 25 años se han realizado múltiples estudios randomizados controlados para evaluar el efecto del acompañamiento de una "doula" en el parto. Los resultados son sorprendentes, significativos y consistentes en relación con aspectos obstétricos como menores tasas de partos operatorios (cesáreas y fórceps), menor necesidad de uso de analgesia durante el trabajo de parto y parto, menor duración del trabajo de parto. También se han evaluado aspectos psicológicos como mejor percepción de la vivencia del parto, mayor autoestima y menores tasas de depresión postparto e incluso se ha visto que ayuda a mejorar el apego madre hijo y las tasas de lactancia materna. Dado los resultados de esta revisión, creemos que es de gran importancia establecer iniciativas para extender esta práctica.

PALABRAS CLAVE: Doula, parto natural, cesárea, fórceps

SUMMARY

The goal of this paper is to review the evidence related to the effect of a "doula" during labor and delivery. A "doula" is a woman who offers continual emotional support to another woman during labor and delivery. Over the past 25 years, numerous randomized, controlled studies assessing the effect of the doula have been published. The results are surprising, important and consistent in the reduction of the duration of labor and reduction of obstetric interventions such as forceps delivery, cesarean section, and use of analgesia and anesthesia Psychological results include improved subjective experience of the delivery, improved self-confidence, less postpartum depression, improved mother-infant bonding, and increased and duration of breastfeeding. Given the success of this intervention, it is important to extend this practice.

KEY WORDS: Doula, natural birth, cesarean, forceps


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INTRODUCCIÓN

Se define como doula a la mujer que acompaña a la embarazada durante el trabajo de parto y parto, ofreciéndole apoyo emocional continuo. El contar con esta compañía es una práctica ancestral, que aun persiste en muchas culturas primitivas. Existen estudios antropológicos de 128 culturas de cazadores recolectores o agrícolas, donde 127 cuentan con el apoyo emocional de otra mujer durante el parto (1). Al trasladarse los partos al hospital, este importante componente fue eliminado y por mucho años, las mujeres han debido tener sus partos con el apoyo esporádico de diferentes miembros del equipo de salud. Solo en las últimas décadas, se ha ido permitiendo la presencia del padre en el parto, pero ésta aun no es una práctica universal. Aun ahora, son pocas las mujeres que son acompañadas permanentemente por una mujer que se dedica a hacerla sentir bien durante su trabajo de parto y parto.

Desde hace 25 años, Klaus y cols. (1) han observado e investigando que ocurre con la presencia de una mujer que ofrezca "apoyo emocional continuo" durante el trabajo de parto y parto. Hasta la fecha se han observado más de 5000 mujeres en 16 estudios randomizados controlados (ERC) que muestran reducción de la duración del trabajo de parto, de la necesidad de anestesia o analgesia, y de la incidencia de cesáreas, presentando más partos naturales.

LA PRESENCIA DE UNA DOULA REDUCE LA DURACIÓN DEL TRABAJO DE PARTO

En 3 estudios realizados en escenarios diversos, como en Guatemala (2, 3) y Houston (4), se observó que la presencia de una doula reduce la duración del trabajo de parto en forma significativa. Por otro lado Zhang y cols (5) en un metanálisis de 7 ensayos randomizados controlados que incluían primigestas de bajos ingresos en hospitales públicos, que no permitían la presencia de familiares, observó una reducción del tiempo de trabajo de parto de 2,8 horas (95% [CI] 2,2-3,4).

LA PRESENCIA DE UNA DOULA REDUCE LA NECESIDAD DE ANESTESIA O ANALGESIA

En un ERC de Kennell y cols. (4) con doulas capacitadas se dividieron a las mujeres en 3 grupos, uno que recibió el apoyo de la doula, otro que contaba con la presencia constante de otra mujer en la habitación, pero a la que no le estaba permitido hablar con la madre y un grupo control sin la presencia permanente de otra mujer. A las mujeres se les preguntaba sobre su dolor y si necesitaban anestesia periódicamente. El 7,8% de aquellas acompañadas por doula, 22,6% de las que solo fueron observadas y 55% de las mujeres con el manejo habitual (profesionales de la salud atendiendo a varias mujeres y permitiendo visitas esporádicas de familiares), optaron por anestesia epidural. Hodnett y cols (6), en una revisión sistemática para Cochrane, analizó 6 ensayos comparando presencia de una doula con el manejo habitual y el uso de analgesia/anestesia regional (n=10.048; riesgo relativo (RR)= 0,90, 95% intervalo de confianza (CI) 0,81-0,9) y 11 ensayos usando cualquier tipo de analgesia o anestesia (n=11.051; RR= 0,87, 95% CI= 0,79-0,96). Se observó que la presencia de una doula reduce el uso de anestesia o analgesia.

LA PRESENCIA CONTINUA DE UNA DOULA REDUCE LA INCIDENCIA DE CESÁREAS

En el estudio de Zhang y cols (5) mencionado anteriormente, se encontró una incidencia menor de cesáreas entre las mujeres acompañadas por doulas (RR= 0,54, 95% CI= 0,4-0,7). En el metanálisis de Scott y cols (7) se encontró una reducción del 51% de las cesáreas, significativa solo cuando la presencia de la doula es continua, no cuando es intermitente. Hodnett y cols (6), incluyendo, tanto apoyo continuo como intermitente, observó una menor incidencia de cesáreas en las mujeres con doulas en 15 ERC (n=12.791, RR=0,90, 95% CI 0,82-0,99).

LOS PARTOS NATURALES SON MÁS FRECUENTES EN LAS MUJERES QUE CUENTAN CON LA PRESENCIA DE UNA DOULA

Se considera parto natural al que ocurre por vía vaginal, sin ocitocina, anestesia, analgesia o fórceps. En el ERC desarrollado en Houston (3) se encontró que el 12% de las mujeres con el manejo habitual presentaron un parto natural comparado con el 55% de quienes tuvieron el apoyo de una doula. Hodnett y cols (6), encontró una mayor probabilidad de parto espontáneo vaginal en 14 ERC (n= 12.757; RR=1,08, 95% CI= 1,04-1,13).

EFECTOS PSICOLÓGICOS Y A LARGO PLAZO EN LA MUJER DE LA PRESENCIA DE UNA DOULA

El parto es de las pocas experiencias en la vida de una mujer que la pueden marcar tan profundamente, positiva o negativamente, dado que es un período muy sensible, en el que ella está abierta al cambio. El cuidado que reciban ella y su hijo tiene impacto a largo plazo en su autoestima, su relación de pareja, como va a cuidar a su hijo y su bienestar (1). Cada vez existe más información que apoya lo que se ha llamado "Período Sensible". Durante este período la madre está especialmente abierta a mejorar su futura relación con el niño dependiendo del cuidado y ambiente que la rodea durante el parto. Existen estudios que muestran que el cuidado de la madre y el niño, afectuoso, personalizado y con las prácticas recomendadas en la Iniciativa del Hospital Amigo de la Madre, tales como el permanecer piel con piel, amamantar dentro de la primera hora, habitación conjunta, lactancia a libre demanda y posiblemente la presencia del padre en el parto, han resultado en un menor abandono de recién nacidos en el hospital (8), disminución de las tasas de maltrato infantil (9), lactancias más exitosas durante todo el primer año y mayor participación del padre en el cuidado del niño. Simkin y Ancheta (10) demostraron que el recuerdo del parto sigue vivo en la mujer al menos por 20 años y que estos recuerdos están determinados por el cuidado ofrecido por quienes la rodeaban y no tanto por el parto mismo. Por ejemplo, un parto vaginal, rápido y sencillo podía ser recordado negativamente si la mujer era dejada sola y no sabía lo que estaba pasando, por el contrario, un parto prolongado, complicado, que incluso podía haber terminado en cesárea podía ser recordado como una experiencia muy positiva si se sintió, acompañada, informada y respetada. La presencia continua de la doula puede hacer la diferencia en la experiencia y el recuerdo de la mujer (10).

Una de las pocas publicaciones sobre los efectos a largo plazo de la presencia de una doula, es un ERC de Hofmeyer y cols (11) en Johannesburg con 198 madres. La mitad de ellas fueron acompañadas por doulas de la comunidad a quienes se las capacitó dar apoyo emocional a las madres. El grupo con doulas, comparado con el grupo con manejo habitual presentó diferencias positivas significativas al ser entrevistadas 24 horas después del parto en los siguientes aspectos: menor puntaje en el test de nivel de ansiedad, menos mujeres consideraron un nivel alto de dolor durante el parto, siendo el índice total de dolor muy inferior. El mismo estudio entrevistó a las madres 6 semanas después y las diferencias significativas fueron las siguientes: consideran que convertirse en madres es fácil, se manejan bien con el recién nacido, están con lactancia materna exclusiva, tienen horarios flexibles para amamantar. Wolman y cols (12) analizan, en el mismo estudio, las tasas de depresión a las 6 semanas postparto; encontraron que las mujeres con doula tenían índices de autoestima positivos altamente significativos comparados con las de cuidado habitual, y al practicar los tests de depresión (Pitt Depresión Inventory y Escala de Edimburgo) los resultados también fueron altamente significativos, observando que quienes tuvieron una doula tenían un puntaje total menor, ninguna tenía un puntaje muy alto y tenían significativamente menor puntaje de riesgo de depresión.

En Chile existen dos experiencias con doulas (13, 14). La primera, realizada en el hospital J.J. Aguirre en que se realizó un estudio randomizado controlado con el objetivo de evaluar el impacto de la doula en la tasa de cesáreas, el grado de satisfacción en relación con la experiencia de parto, lactancia materna y depresión postparto a las 6 semanas postparto en primigestas. Los resultados de este estudio no muestran diferencia significativa en el porcentaje de cesáreas, pero una proporción mayor de madres en el grupo intervenido tuvo menos temor durante el parto (RR: 0,79; IC: 0,63-0,99) y mayor porcentaje de lactancia materna exclusiva al sexto mes (13). La segunda experiencia existente en Chile, es el proyecto desarrollado en la comuna de La Florida llamado "Emprende Mamá", iniciativa que pretende dar acompañamiento psicoafectivo a adolescentes embarazadas en riesgo social. Este programa se realiza desde el año 2001 y consiste en el acompañamiento psicoafectivo, formativo y educativo a la adolescente durante el embarazo y hasta que el hijo cumple un año de vida, dado por voluntarias capacitadas, así como el acompañamiento durante el parto de la mayoría de ellas por una doula de la comunidad escogida por la adolescente. Hasta ahora los resultados preliminares muestran una incidencia de cesáreas de 12% entre las adolescentes en un período en que la tasa de cesáreas del hospital es sobre el 20%. El porcentaje de lactancia materna exclusiva al sexto mes es entre estas adolescentes de 68% (14).

CARACTERÍSTICAS DE LA DOULA

Revisaremos y comentaremos algunas de las características necesarias de una "doula" y su función:

1. Ser mujer: Los estudios antropológicos muestran que quien acompaña a la mujer durante el proceso del parto es siempre una mujer. Taylor y cols (15) plantean que la respuesta femenina ante el estrés, a diferencia de la masculina que es "luchar o huir", es la tendencia a agruparse o asociarse y cuidarse. Este contacto, especialmente si es con otra mujer, reduce el nivel de estrés.

Para una mujer, el parto, en un lugar y con personas desconocidas, es una situación que le genera temor y estrés. Esto produce liberación de catecolaminas, que pueden demorar el trabajo de parto, reducir el flujo sanguíneo hacia el útero, placenta y feto, y alteraciones de la frecuencia cardíaca fetal. Todo esto puede llevar a la necesidad de mayores intervenciones médicas (10). La presencia de una mujer que le asegura que va a permanecer a su lado, que se preocupa de su bienestar y que actúa de intermediaria con el equipo de salud, reduce el nivel de temor y estrés.

¿Qué mujer sirve mejor como doula? Rosen (16) hizo una revisión de ERCs en la literatura para observar el efecto de los diferentes tipos de doulas descritas por los autores: mujer de la comunidad, no capacitada; doula capacitada; parientes femeninas de la madre; enfermeras y matronas. Encontró que en un ambiente hospitalario donde no se permite la presencia de familiares, las mujeres que fueron acompañadas por voluntarias de la comunidad, no capacitadas, tuvieron los beneficios más impactantes: una reducción significativa de la duración del trabajo de parto, del uso de ocitocina, y de los partos quirúrgicos, comparadas con un grupo control sin el apoyo (2, 3).

En el estudio de Klaus y cols. (3) ya mencionado, aun cuando, por el tamaño del estudio, algunos resultados no fueron estadísticamente significativos, se encontraron efectos positivos, tanto en las acompañadas como las observadas, siendo los beneficios mayores entre las acompañadas que en las observadas. Esto refuerza el concepto del efecto tranquilizador que produce la presencia permanente de otra mujer durante el trabajo de parto.

2. Presencia continua hasta después del parto: La presencia continua es el aspecto más importante del cuidado que ofrece la doula. En un metanálisis de 11 ERC, Scott y cols (7) encontró que la presencia continua de una doula tiene un impacto significativamente diferente de la presencia intermitente. Al analizar la presencia intermitente de apoyo emocional no encontró resultados significativos. Al observar la presencia continua de una doula, encontró una reducción del 36% de la necesidad de analgesia, 71% de la necesidad de ocitocina, un 57% de reducción del uso de fórceps y un 51% menor incidencia de cesárea con una reducción de la duración del trabajo de parto de 98 minutos cuando se compararon con el manejo habitual.

3. Apoyo emocional: La doula ofrece apoyo incondicional, uno a uno, sin juzgar, felicitando a la mujer por sus logros, se atreve tocar, masajear, según lo que sea cómodo y aceptable a la madre y usa las palabras con mucha delicadeza y cuidado. El rol de la doula es solo ofrecer apoyo emocional, estar presente en todas las necesidades de esa mujer para permitirle ser la protagonista en ese momento crucial de su vida de manera que esta sea una experiencia positiva. Si bien las publicaciones muestran toda una gama en la variedad de doulas, la capacitación de estas se centra en la aceptación incondicional de la mujer, el cuidado con el lenguaje, siempre usando palabras positivas, pudiendo usar técnicas de relajación. Aprende también técnicas para el manejo del dolor como masajes, presopuntura, movimientos que ayudan a la movilización del feto por el canal del parto y manejo del ambiente (nivel de luz, aromas, música). En situaciones con presencia de muchos familiares, es la doula la que privadamente consulta a la madre si necesita regular las visitas, la que muestra al padre u otros acompañantes a como ayudar y respetar a la madre (1). La doula se compromete a permanecer con la madre durante todo el proceso del parto, independiente de la duración de este. Esta certeza le ofrece a la mujer una seguridad incalculable, reduciendo el nivel de estrés.

4. Apoya tanto a la mujer como a su pareja: Una pregunta frecuente que surge cuando se menciona el apoyo emocional y la doula es, si el padre puede ofrecer el mismo apoyo emocional. La respuesta es no. Y no lo puede hacer por que está emocionalmente involucrado. Stein y cols (17) presenta un caso clínico clásico donde la pareja pregunta en una consulta prenatal sobre las doulas. Ambos tienen dudas sobre si la presencia de esta extraña va a interferir con una vivencia tan personal como es el parto. Cuando vuelven después de nacido el hijo, el padre expresa lo positivo de la experiencia con la doula y como ella le ayudó a que él pudiera acompañar y ayudar a su esposa.

En un ERC que compara la presencia del padre con y sin doula muestra que la tasa de cesáreas fue del 14,2% entre las que contaron con doula comparadas con las que estuvieron solo con su pareja que fue del 22,5% (18).

5. Establece un vínculo entre el equipo de salud y la mujer: Explicándole lo que va ocurriendo y transmitiendo las necesidades de la mujer al personal de salud. De las cosas que asustan a una mujer durante el proceso del parto es no saber lo que está pasando, no entender lo que hablan los expertos. La doula es quien interpreta, en el lenguaje de la mujer, lo que está ocurriendo o hace las preguntas que ella no se atreve a hacer. Cuando una doula o un programa de doulas aparece en un hospital, este suele ser visto con suspicacia por el personal de salud, temiendo invasión en sus roles, pero al comenzar a experimentar la ayuda que a ellos mimos ofrecen las doulas, las valorizan y solicitan (17). En un hospital con mucha presión asistencial, esto facilita la tarea del personal de salud a quien no le es posible permanecer solo con una madre.

CONCLUSIÓN

Existen pocas intervenciones en obstetricia avalada por la evidencia, que tengan tantos beneficios como la presencia continua de una doula y son cada vez más las instituciones, que conociendo sus beneficios incluyen un programa de doulas en sus servicios.



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