El nacimiento de la madre, por Mónica Felipe Larralde
Llevamos a nuestros bebés nueve meses en nuestro interior y, un buen día, nos encontramos con un bebé en los brazos. Nadie nos ha preparado para comprender en su dimensión real qué significa acoger esta nueva vida. Nadie ha podido, ni aún los poetas, transmitir la mezcla de emociones, los cambios vitales, la transformación a la que la maternidad nos ha sometido. Deseamos cuidar de ese bebé con todo nuestro corazón, deseamos entregarnos con todo el alma, deseamos amarle como antes nunca lo hicimos con nadie y lo conseguimos… a ratos. Entramos entonces en una lucha interna entre lo que debería ser y lo que es, entre lo que nos dicta la mente y lo que nos pide el cuerpo, entre nuestra fantasía y la realidad del día a día.
Acompañar a otro ser humano en su proceso de crecimiento y de creación de su propia identidad requiere tiempo, disponibilidad, paciencia (la ciencia de la paz), amor ilimitado y respeto. Que, a veces, se nos escurren entre el estrés del ritmo diario, nuestro propio proceso personal y las necesidades no resueltas. Las llamadas crianzas con apego, crianza respetuosa o natural nos exigen previamente haber transitado algunos caminos de desarrollo personal y autoconocimiento que, rara vez, hemos pensado que necesitaríamos para ser madres.
Durante nuestra infancia, y através de las experiencias dolorosas y/o traumáticas que hemos experimentado, hemos ido configurando alrededor de nuestra verdadera identidad, Self o Ser, una capa de dolor que lo protege. Son los dolores no llorados, las experiencias que pugnan por salir, las emociones bloqueadas. Esa capa de dolor está a su vez siendo protegida por otra capa de miedo. Esta capa de miedo nos protege de mirar en el interior, nos mantiene en un estado superficial. El miedo, a su vez, es protegido por los prejuicios, las opiniones tenaces que asumimos como reales: desde los “yo no valgo” a “nadie me va a querer” a “los hombres siempre abandonan a las mujeres” o “los bebés manipulan a sus madres”, “hay que dar de mamar cinco años”, “las demás son malas madres”… y así un largo etcétera. Y, por último, rodeando esta capa de prejuicios, emerge una ideología: un conjunto de ideas que caracterizan mi forma de pensar y, por resultado, lo que yo creo que es la Vida. A veces, convertimos la crianza respetuosa en una ideología, un conjunto de ideas que interiorizo y asumo desde esta esfera periférica. Y aquí comienzan los problemas y las dificultades para llevar a cabo la titánica tarea de criar a un hijo con el amor y el respeto que se merece.
En realidad, la crianza tiene que ver con el Ser, con dar con mi núcleo, con saber quien yo soy, con experimentar la dignidad que como ser humano poseo y, desde ahí, relacionarme con el respeto, la consideración y el amor que el otro, mi hijo también, merece. El viaje de la maternidad es el viaje desde la ideología hasta el Ser. Pero para llegar a él, habrá que atravesar nuestros prejuicios, miedos y dolores. Entonces, la madre que somos nacerá.
Fuente: http://elnuevoparadigmadelacrianza.blogspot.com.es/2013/04/el-nacimiento-de-la-madre.html
Una doula en acción... todas las familias merecen una doula cerca
La llegada de Ares, el bebé de Sheila y Albert, por fin ha llegado a su nuevo hogar. Pero este acontecimiento abre un nuevo mar de dudas y problemas que deberán afrontar los padres primerizos. Monste, la doula, estará en todo momento con ellos aconsejándoles y dándoles unos útiles consejos.
La Asociación Nacer en Casa celebra su 25 aniversario en el 2013
Celebrando el Nacimiento y la Vida, creando y criando en libertad
La Asociación Nacer en Casa celebra su 25 aniversario en el 2013 y quiere Celebrar el Nacimiento y la Vida con unas jornadas que se realizarán en la Casa de Campo de Madrid, durante los días 25 y 26 de mayo de 2013.
Quie estuviera cerquita para poder nutrirse de esa energía que da el respeto a la vida, sin prejuicios ni miedos innecesarios... sin abuso de poder... simplemente y tan difícil de obtener en algunos ámbitos, con LIBERTAD.
Con solo echar un vistazo al programa nos damos cuenta de que no estamos solos, de que la evolución pasa por el respeto a parir donde se desee y hacia allí vamos... ¡alegria por esos 25 años de éxitos!
Os dejo el vínculo al programa y toda la información necesaria
http://nacerencasa25aniversario.blogspot.com.es/p/programa-provisional.html
Prescindir de las mujeres para gestar a los bebés. Último programa de Redes
No se muy bien describir las sensaciones que me ha producido visionar este video de redes. Sólo el planteamiento inicial ya me ha dado nauseas... que metan en esta supuesta modernidad a todas la mujeres y se asuma, porque sí, porque como eres moderna, el embarazo es un latazo, una pesadez y está lleno de molestias, me parece cuanto menos, y por cuidar mi lenguaje, irreal, ridículo y absurdo.
Yo he tenido cinco hijos y el embarazo ha sido un estadío maravilloso de mi vida. Como también lo han sido los partos, llenos de luces y de sombras, donde he crecido como mujer y como persona en cada uno de ellos. Un embarazo y un parto te muestran partes de ti que no conocerías de otra forma.
Pero buen, eso es algo personal, si quereis, una visión transcendente de la vida, que no todo el mundo tiene que compartir conmigo, de hecho, no lo hace.
Sólo el ser humano es tan tan engreído que es capaz de cuestionar que el útero humano previsto por la naturaleza como el habitat de gestación de la cría sea el lugar idóneo para ello. No deja de asombrarme cuanto ego podemos llegar a tener. Cuanto cambiarían las cosas si pusieramos al servicio del amor y el bienestar en el más amplio sentido, toda esa sabiduría de la que somos portadores.
Pero apartando este tema, quizás no tan popularmente científico de la trascendencia y el amor, vayamos a lo que la ciencia ya ha desmostrado con creces años ha en relación a embarazos y partos.
No tengo ningún ánimo de levantar heridas ni susceptibilidades, pero está ya más que demostrado, aunque haya quien se niegue a oirlo, que las hormonas implicadas en el embarazo y el parto de los mamíferos están directamente relacionadas en la unión y el vínculo que luego generarán madre y cría para su posterior cuidado y por tanto, implicadas en la perpetuación de la especie.
Es habitual que estas hormonas sean sustituidas en los partos "modernos" por hormonas sintéticas, anulando así la producción natural. Muchas de nosotras hemos parido así y desde luego que queremos a nuestros bebés. Gracias al neocortex podemos decidir aprender a amar y cuidar a nuestro retoño pero en el camino hemos perdido la conexión más importante, la conexión salvaje que se generaría si nada hubiese entorpecido la segregación de las hormonas que produce el cerebro primitivo, el más antiguo.
Me falta lenguaje para poder trasmitir en que consiste esa vinculación. El leguaje, que forma parte del neocortex no tiene la habilidad de poder transmitir lo que se experimenta cuando nada entorpece una gestación y un nacimiento. Lo siento, no se puede. Pero si puedo hablar de lo que no sucede porque hay bastantes estudios realizados con animales en los que manipulando el proceso natural y fisiológico de un nacimiento, la madre, en cuestión, no reconoce a su cría recién nacida y no se encarga de su cuidado ni de su alimentación. Las madres sencillamente ignoraban a sus crías. Si, efectivamente, a los animales no les salva el neocortex.
La conducta maternal humana la facilita la oxitocina que se segrega a raudales durante el parto y justo después con tu cahorro en brazos cada vez que lo amamantas. La progesterona, hormana principal en el embarazo, facilita la conducta de construcción del nido, del hábitat del cachorro. Y la prolactina generada también durante el embarazo, el parto y el momento justo despues del parto se encarga de la producción de la leche que alimentará a nuestro bebé, proque si ella el bebé no tenía posibilidades de sobrevivir.
Estoy tristemente cansada de escuchar a mamás que no sienten el amor que creían que tendrían por sus bebés, que no les apetece cuidarles, ni acariciarles ni amamantarles, de mamás que hundidas por la culpabilidad afirman desear no tener el bebé o incluso desear su muerte. Esto no es baladí, señores y señoras, esto tiene que ver con el no respeto a la fisiología humana durante la gestación y el parto. Esto tiene que ver con creer que la ciencia tiene más poder que la naturaleza. Es muy importante, indispensable salvar vidas, pero alguien tiene que empezar a cuidar la morbilidad que generamos con estos actos, la iatrogenia de la medicina.
¿Qué sucederá cuando el útero artificial esté fuera de nosotras y por tanto no generemos todas esas hormonas implicadas en la conducta de cuidado y amor materna? ¿Sabemos lo que implica para la especie perder esto en el camino? Bueno, creo que he oido que en caso de dificultad en el cuidado maternal nos inyectar´n las hormonas... ahhh que alivio.
Toda esta reflexión abarca solo a la madre, sus hormonas y la implicación que tienen en el cuidado maternal... ¿pero y el bebé?
Privado del amor que le nutre durante su vida prenatal, que ya sabemos o atisbamos el enorme impacto que tiene sobre el bebé en desarrollo. Nombraré solo, porque me viene ahora a la mente, los estudios del psicólogo pre y perinatal de David Chamberlain.
No me cabe duda que en nombre de la ciencia crearíamos seres con enormes sensaciones de vacío, soledad y desarriaigo, espero que eso nunca suceda.
Os dejo el vínculo del programa de Redes para que reflexioneis vosotxs mismxs.
La reproducción sin embarazo
Yo he tenido cinco hijos y el embarazo ha sido un estadío maravilloso de mi vida. Como también lo han sido los partos, llenos de luces y de sombras, donde he crecido como mujer y como persona en cada uno de ellos. Un embarazo y un parto te muestran partes de ti que no conocerías de otra forma.
Pero buen, eso es algo personal, si quereis, una visión transcendente de la vida, que no todo el mundo tiene que compartir conmigo, de hecho, no lo hace.
Sólo el ser humano es tan tan engreído que es capaz de cuestionar que el útero humano previsto por la naturaleza como el habitat de gestación de la cría sea el lugar idóneo para ello. No deja de asombrarme cuanto ego podemos llegar a tener. Cuanto cambiarían las cosas si pusieramos al servicio del amor y el bienestar en el más amplio sentido, toda esa sabiduría de la que somos portadores.
Pero apartando este tema, quizás no tan popularmente científico de la trascendencia y el amor, vayamos a lo que la ciencia ya ha desmostrado con creces años ha en relación a embarazos y partos.
No tengo ningún ánimo de levantar heridas ni susceptibilidades, pero está ya más que demostrado, aunque haya quien se niegue a oirlo, que las hormonas implicadas en el embarazo y el parto de los mamíferos están directamente relacionadas en la unión y el vínculo que luego generarán madre y cría para su posterior cuidado y por tanto, implicadas en la perpetuación de la especie.
Es habitual que estas hormonas sean sustituidas en los partos "modernos" por hormonas sintéticas, anulando así la producción natural. Muchas de nosotras hemos parido así y desde luego que queremos a nuestros bebés. Gracias al neocortex podemos decidir aprender a amar y cuidar a nuestro retoño pero en el camino hemos perdido la conexión más importante, la conexión salvaje que se generaría si nada hubiese entorpecido la segregación de las hormonas que produce el cerebro primitivo, el más antiguo.
Me falta lenguaje para poder trasmitir en que consiste esa vinculación. El leguaje, que forma parte del neocortex no tiene la habilidad de poder transmitir lo que se experimenta cuando nada entorpece una gestación y un nacimiento. Lo siento, no se puede. Pero si puedo hablar de lo que no sucede porque hay bastantes estudios realizados con animales en los que manipulando el proceso natural y fisiológico de un nacimiento, la madre, en cuestión, no reconoce a su cría recién nacida y no se encarga de su cuidado ni de su alimentación. Las madres sencillamente ignoraban a sus crías. Si, efectivamente, a los animales no les salva el neocortex.
La conducta maternal humana la facilita la oxitocina que se segrega a raudales durante el parto y justo después con tu cahorro en brazos cada vez que lo amamantas. La progesterona, hormana principal en el embarazo, facilita la conducta de construcción del nido, del hábitat del cachorro. Y la prolactina generada también durante el embarazo, el parto y el momento justo despues del parto se encarga de la producción de la leche que alimentará a nuestro bebé, proque si ella el bebé no tenía posibilidades de sobrevivir.
Estoy tristemente cansada de escuchar a mamás que no sienten el amor que creían que tendrían por sus bebés, que no les apetece cuidarles, ni acariciarles ni amamantarles, de mamás que hundidas por la culpabilidad afirman desear no tener el bebé o incluso desear su muerte. Esto no es baladí, señores y señoras, esto tiene que ver con el no respeto a la fisiología humana durante la gestación y el parto. Esto tiene que ver con creer que la ciencia tiene más poder que la naturaleza. Es muy importante, indispensable salvar vidas, pero alguien tiene que empezar a cuidar la morbilidad que generamos con estos actos, la iatrogenia de la medicina.
¿Qué sucederá cuando el útero artificial esté fuera de nosotras y por tanto no generemos todas esas hormonas implicadas en la conducta de cuidado y amor materna? ¿Sabemos lo que implica para la especie perder esto en el camino? Bueno, creo que he oido que en caso de dificultad en el cuidado maternal nos inyectar´n las hormonas... ahhh que alivio.
Toda esta reflexión abarca solo a la madre, sus hormonas y la implicación que tienen en el cuidado maternal... ¿pero y el bebé?
Privado del amor que le nutre durante su vida prenatal, que ya sabemos o atisbamos el enorme impacto que tiene sobre el bebé en desarrollo. Nombraré solo, porque me viene ahora a la mente, los estudios del psicólogo pre y perinatal de David Chamberlain.
No me cabe duda que en nombre de la ciencia crearíamos seres con enormes sensaciones de vacío, soledad y desarriaigo, espero que eso nunca suceda.
Os dejo el vínculo del programa de Redes para que reflexioneis vosotxs mismxs.
La reproducción sin embarazo
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