Taller de preparación al parto



Recuperemos un antiguo tesoro, una memoria ancestral... en tu memoria celular está la información de cómo gozar de un maravilloso parto, no hay nada que aprender ¡sólo recordar!

Al igual que un jardinero, preparemos la tierra de nuestros corazones, fertilicemos, alimentemos y nutramos el terreno del respeto sagrado y la compasión, en el que nuestro hijo nacerá.

Cada niño/a es el reflejo de lo divino, cada nacimiento es una oportunidad que se nos brinda para aprender la lección única y enorme del amor.

Espero que te animes a compartir este bonito taller, espacio sagrado lleno de ternura sólo para tu disfrute. Vente con esterilla, manta y venda para los ojos.


Información e inscripción:
Alicia Conca 655 633 026 www.espaciolunaroja.es/

Facilita:
Mª José Mochón
dara_munay@hotmail.com
http://tuencuentroconlamaternidad.blogspot.com/
http://doulaporinternet.blogspot.com/

Semana Mundial por un parto respetado


Lleva un diario creativo

Llevar un diario creativo es una maravillosa práctica que ofrece un lugar íntimo y sagrado para expresar nuestros sentimientos y pensamientos. Puedes comprar una bonita libreta que te inspire o confeccionarla tu misma. También puedes usar el diario para escribir meditaciones, citas que te gusten, sueños, miedos o preocupaciones...
Escribir un diario refuerza tu crecimiento. Registra tus propios pensamientos, dibujos, ejercicios, poesía, letras de canciones, poner fotografías e incluso cartas a tu hijo por nacer; estas son algunas de las maneras en que tu diario puede servir como un registro sagrado de tu conciencia en expansión. Y hasta puede convertirse en un lugar sagrado donde conectar con tu hijo.
También es lindo escribir junto a tu altar.

Parir y nacer sin dolor es posible (me encanta Casilda)

La diferencia entre un parto y un nacimiento con dolor o con placer creemos que reside en la sexualidad y en el deseo sexual de la mujer. Si se trata de una mujer que ha desarrollado su sexualidad desde la infancia, y su cervix se abre en un proceso de excitación sexual, o si se abre sin ese proceso. Esta afirmación requiere entender lo que es el útero:

El útero es una bolsa de tejido muscular de fibra lisa y de fibra estriada, con una puerta de salida que puede cerrarse herméticamente y abrirse hasta los famosos diez cm. para que salga el bebé. La bolsa uterina integrada en el cuerpo de la madre fue un gran invento evolutivo que resolvió de forma prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término. Pues el tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible; elástico para albergar a la criatura según va creciendo, fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar 10 ó 12 Kg.. de peso contra la fuerza de la gravedad (somos mamíferas que adquirimos la posición erecta, dejando el orificio de salida a merced de la gravedad), y flexible para la total relajación y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre y apertura que se activa mediante las conexiones neuromusculares y la sexualidad de la mujer. Este dispositivo de apertura no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, pues no es el dolor, sino el placer, como decía Ola Raknes, lo que hace rodar la rueda de la vida. El Poder ha creado el Valle de Lágrimas, pero la vida es el Jardín del Edén.

Veamos cómo van encajando las piezas del puzzle: sabemos que la oxitocina que se inyecta en vena para provocar o acelerar un parto, es la misma hormona que segregamos durante la excitación sexual. Sabemos (Masters y Johnsons) que en todo orgasmo femenino se producen contracciones uterinas. También, según, la sexóloga y psicoanalista Maryse de Choisy, que el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, al menos en su origen. Quizá no lo hayan relacionado con el parto, pero en zonas remotas de Arabia Saudita, la mujer que está de parto se ve rodeada de mujeres que bailan la danza del vientre, "hipnotizándola con sus movimientos rítmicos ondulantes para que también ella se mueva a favor del cuerpo en lugar de moverse contra él". Y las mujeres de la India visualizan e imaginan pétalos de loto desplegándose para favorecer la apertura del cervix.

Detrás de la famosa 'danza del vientre', está, aunque nos la hayan ocultado, la danza del útero.
Hay diferentes testimonios escritos de la Antigüedad, que hablan de úteros que se movían. Platón decía que el útero era un animal que vagaba por el cuerpo de la mujer y que se enojaba cuando estaba insatisfecho; en el Corpus hipocrático del siglo IV a.c. se menciona varias veces el 'vientre errante' de las mujeres. Areteo de Capadacia en el siglo II escribió que el vientre de la mujer 'es un animal dentro de un animal' porque vaga por su cuerpo.
En la Grecia clásica se asociaba el desplazamiento hacia arriba del útero con los trastornos nerviosos o 'histéricos' (ya sabemos que histeria viene de hysteron, útero), y trataban de curar la enfermedad y de mover el útero aplicando olores tóxicos en la boca y la nariz.
El útero se representaba con un pez en el expresivo arte neolítico de la Vieja Europa, dedicado no a la manipulación sino a la recreación de la vida; y hay imágenes de mujeres con un pez dibujado en el vientre; el mismo útero se representaba por todas partes, en las cenefas y frisos; su repetición rítmica, en serie, entre huevos y espirales, etc. representaban la evolución y la generación periódica de la vida. Y el movimiento erótico de la mujer con ondas serpenteantes sobre sus cuerpos (X) o que salían de los pechos y del útero (XI). Durante al menos 5 milenios fue el útero y no el corazón el símbolo del amor y de la vida, representado en todo tipo de objetos; al igual que la serpiente, (XII) símbolo aún más generalizado de ese movimiento erótico, de la sexualidad de la mujer, durante varios milenios de civilización no patriarcal. Han habido muchas otras representaciones simbólicas del útero y de la sexualidad de la mujer desconocida en nuestro mundo, que no podemos detallar aquí.
Sabemos que cuando la mujer se excita sexualmente, el útero empieza a latir, como un corazón, pero un poco más lentamente; como una ameba que se contrae y se expande, como el latido del cuerpo de una rana (los Taironas representaban el útero con una rana (10) (XIII)). En cada latido, el útero también se extiende y desciende, como un movimiento ameboide, hasta hacerse incluso visible desde el exterior en estado de excitación fuerte. Por eso en la Grecia clásica la mujer frígida era la mujer que tenía el útero arrinconado arriba . Este palpitar del útero no son sino los movimientos rítmicos de su tejido muscular impulsado por la emoción erótica; lo que desde nuestra perspectiva patriarcal que ha eliminado el deseo de la función reproductora, llamamos 'contracciones. La emoción erótica es la que hace palpitar el útero de modo placentero; y cuando la mujer recupera la sensibilidad y se restablece la unidad psicosomática útero-conciencia, como dice Merelo Barberá, (3) puede consciente o semi-inconscientemente acompañar ese movimiento, pues el útero también tiene conexiones neuromusculares con el sistema nervioso voluntario y el neocortex. Dejándonos llevar por la emoción erótica, las mujeres podemos, al igual que otras hembras mamíferas, 'empujar' los músculos uterinos, en el momento de la diástole de su latido, ampliando su onda expansiva, meciéndonos en la ola de placer, al mismo tiempo que mecemos a la criatura. Y sabemos que cuando el latido se convierte en las contracciones violentas de nuestros partos dolorosos, no solo las sufrimos nosotras, también la criatura las sufre (11).
El nacimiento es un acto sexual que se realizaría con la máxima gratificación del placer si la sexualidad de la mujer que pare no estuviese destruida. Incluso en nuestra sociedad, los que han investigado un poco el tema han censado una tasa de partos orgásmicos, mucho más elevada de lo que nos podemos imaginar (12), muchos de ellos dolorosos y orgásmicos al mismo tiempo.
Hay unos versos mesopotámicos, de los tiempos anteriores a la esclavitud de la mujer que dicen: Ninsurga, la gran madre, contrae la matriz y desencadena el parto (13). Esto nos da a entender que, con una sexualidad recuperada, la mujer podría incluso inducir, o contribuir voluntariamente a la inducción del parto. Por cierto que Ninsurga, también llamada 'Nintur' era conocida como 'la señora de la cabaña del nacimiento -o paridera' y como 'la señora del útero'.
(14)
En su último libro Frederik Leboyer (15) afirma:
¿Que hace sufrir a la mujer que da a luz? ... la mujer sufre debido a las contracciones... unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, ¡pero son calambres! todo lo contrario de las 'contracciones adecuadas'. ¿Qué es un calambre? Una contracción que no cesa, que se crispa y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no 'afloja su garra' para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado por contracciones 'adecuadas' eran contracciones altamente patológicas y de la peor calidad. ¡Qué sorpresa! ¡Qué revelación! ¡Qué revolución en ciernes!.
Efectivamente, es una revolución, una revolución calostral como dice Michel Odente (16) porque la recuperación del parto y de la extero gestación son una misma revolución contra las bases mismas del Poder.
El parto duele porque los músculos que no se usan se atrofian y se agarrotan, y porque duele extender un músculo rígido, semiatrofiado. Sabemos que cuando los músculos quedan inmovilizados durante un tiempo por una escayola, necesitan ejercicios de rehabilitación para recuperar su elasticidad y su funcionalidad. Imaginemos lo que sería recuperar la elasticidad de un brazo de una persona adulta que ha permanecido inmovilizado toda su vida; imaginémoslo y desaparecerá la perplejidad que nos produce hoy el hecho de que se pueda parir con placer y de que pueda haber tanta diferencia entre una y otra clase de partos. Y si además tenemos en cuenta la conjunción de la inmovilización del útero con los factores del miedo y de la ignorancia, tendremos la explicación de por qué el 'parirás con dolor' es una ley que ha quedado 'atada y bien atada' por el Poder. Pues en cambio sí que se cuidan muy bien de que ignoremos todo sobre nuestra sexualidad y de que estemos bien informadas del dolor de los calambres del parto. Porque el miedo que se añade a la situación descrita, nos hace contraer los músculos en lugar de relajarlos y extenderlos, actuando en contra de la fisiología del parto; así nadamos en contra de las olas en lugar de a favor de ellas.
Tan rígido y contraído está el útero de una niña cuando llega a la adolescencia, que hasta la mínima apertura del cervix para la menstruación produce fuerte dolor. Pero el útero es recuperable y sabemos de jóvenes que tenían reglas muy dolorosas, que han dejado de tenerlas después de adquirir conciencia de su útero, visualizándolo, sintiéndolo y relajándolo.
El útero es el centro del esqueleto erógeno de la mujer. Filogenéticamente está preparado para funcionar produciendo placer y no dolor, lo mismo que está filogenéticamente previsto que el coito sea placentero. Lo que no está filogenéticamente previsto son las violaciones, es decir, las relaciones de Poder de nuestra sociedad que obliga a hacer funcionar el aparato reproductor de la mujer sin deseo y sin proceso de excitación sexual. Como tampoco está previsto filogenéticamente, en el continua de la especie humana, que una mujer se haga adulta sin desarrollar su sexualidad.
En resumidas cuentas, desde nuestro punto de vista, el 'parirás con dolor' [el 'no usarás tu útero'] es el correlato de la destrucción de la sexualidad de la mujer, hecho histórico que comienza con la nueva era de jerarquización y de relaciones de Poder de un sexo sobre otro, y que se consolida paralelamente a la consolidación y generalización de la sociedad patriarcal. Este hecho histórico ha sido en cierto modo reconocido incluso por el mismo Freud cuando afirma que 'el continente negro', la sexualidad desconocida de la mujer, tenía que haber sido objeto de una represión específica, remota y particularmente inexorable (17).

Hipnonacimiento, una alternativa natural a la epidural en el parto

Parto y dolor son dos conceptos que siempre han ido de la mano. Por eso, desde muy antiguo, se han buscado fórmulas para aliviar las molestias que presenta el trabajo de traer un bebé al mundo. En la última década, la epidural, un tipo de anestesia que insensibiliza la zona inferior del cuerpo, se ha popularizado entre las mujeres que buscan aliviar de forma rápida el dolor en el momento de dar a luz.

Pero el uso de fármacos en el parto tiene sus acólitos y sus detractores. Entre los últimos, aquellos que consideran que es posible dar a luz y controlar el dolor de forma natural. A principios del siglo XX, el obstetra británico Grantly Dick-Read, considerado en cierto modo el padre del movimiento por el parto natural y autor del bestseller «Parto sin temor», ya aseguró que el tormento que se sentía al parir tenía su origen en la actitud de la sociedad hacia el nacimiento, siempre vinculado al dolor.

La filosofía de este doctor se basaba en la mínima intervención de los médicos en el trabajo de parto, y en la educación previa de los futuros padres para rebajar en lo posible el temor al momento del nacimiento, disminuyendo la tensión y, por ende, el dolor.

En esta creencia se basa el Hipnonacimiento, una técnica de preparación al parto poco conocida en España pero que existe desde hace más de 20 años en 22 países del mundo. La hipnoterapeuta americana Mary Mongan diseñó este método que enseña cómo dar a luz en un estado de relajación profunda, de autohipnosis. «Lo que queremos transmitir a las madres y a sus parejas es que se puede vivir el nacimiento desde la calma, la tranquilidad y la armonía, y no desde el dolor ni el sufrimiento», explica a ABC.es Pilar Vizcaíno, psicóloga, presidenta de la Asociación Nacional de Educación Prenatal, y profesora del taller de Hipnonacimiento.

«Nuestro cuerpo está preparado para dar a luz de forma armoniosa, sin necesidad de recurrir a la epidural», asegura Pilar. Junto a ella, Sandra Cuadrado, también psicóloga e instructora del taller, y que ha puesto en práctica sus propias enseñanzas con éxito. Dio a luz hace poco más de un mes, en casa, y sin necesidad de anestésicos. «Notas que tu cuerpo está reprogramado y no hay espacio para el dolor, el trauma o el estrés. Se vive desde la relajación, no hay agotamiento, se llega al final con la misma energía con la que se empezó. No necesitas recurrir a fármacos que te calmen el dolor porque no existe, no está ahí», cuenta Sandra.

«Deshipnotizar» a los padres
Lo primero que Pilar y Sandra intentan cuando reciben a los padres en el taller es «deshipnotizarles». La mayoría vienen convencidos de que el parto es algo doloroso y eso les provoca miedo. Precisamente estas dos terapeutas intentan luchar contra ese estrés que genera el nacimiento. «Cuando se tiene miedo se crea una tensión y esto produce dolor. Si eliminamos el miedo, podemos reducir la tensión y por consiguiente el dolor», afirma Pilar, que recuerda que nuestro cuerpo cuenta con un anestesiante natural, las endorfinas. «Si invades tu cuerpo con este tipo de hormonas, experimentas una sensación extraordinaria».

En Hipnonacimiento no se habla de contracciones, sino de olas, que acompañan a la madre en el proceso de dar a luz. «Es importante también que los padres visualicen previamente el parto como quieren que sea, con confianza, para que el cerebro lo registre y quede grabado en el subconsciente», asegura Pilar. Esta perspectiva del nacimiento hace que el bebé también viva con relajación su llegada al mundo, lo que favorece que sean niños más tranquilos, según las terapeutas.

«Es otro enfoque del parto. No como algo doloroso o una operación a la que hay que tenerle miedo sino como algo de lo que hay que disfrutar». La que habla es Inés, que en el momento de la entrevista estaba embarazada de 35 semanas. «Quiero un parto lo más natural posible. Que me dejen andar, comer o ducharme y no me tumben y me lo saquen rápido con oxitocina para que sea algo rentable», afirma rotunda.


No hay dolor
En círculo, sentadas o tumbadas cómodamente y con los ojos cerrados, las futuras mamás acompañadas de sus parejas comienzan la clase. Primero, «deshipnotizar». Pilar les muestra un vídeo de un parto con la técnica de Hipnonamiento. En la imagen, una mujer muy tranquila acompaña a su bebé en el camino a la vida. Los médicos sólo intervienen en el último momento para atender al bebé. El padre también participa en el nacimiento apoyando a su pareja. No se oyen gritos. No hay caras de dolor.

«Qué os ha parecido», le pregunta Pilar a sus chicas. Todas coinciden en la tranquilidad que transmiten los padres del vídeo. En lo maravilloso que parece dar a luz de ese modo. Después, llega el momento de aplacar la tensión. La profesora guía las respiraciones de las alumnas acompañándolas con una narración extremadamente relajante a la que ni la que escribe, ni el que graba pudieron resistirse. Por primera vez, después de un día de trabajo y preocupaciones, nuestra mente quedó en blanco.

Más información
-Lo ideal es realizar el curso entre la semana 20 y la 25 de gestación para luego tener tiempo de practicar en casa
-El curso consta de cinco sesiones de dos horas y media cada una, una vez por semana
-El precio del taller por pareja con todos los materiales es de 350 euros
-Se imparte en la Asociación Cultural Aula 11 (Plaza de Tirso de Molina) y en el Centro Urdimbre (c/ Gaztambide, 59) en Madrid
-Para información y reserva de plaza hipnonacimiento@gmail.com

http://www.abc.es/20100421/sociedad-/hipnonacimiento-tecnica-prenatal-201004201229.html

La oxitocina

“Para cambiar el mundo,
antes hay que cambiar la forma de nacer”
Michel Odent

Michel Odent, es el obstetra que revolucionó las ideas de atención al nacimiento. Es el fundador del Primal Health Research (Londres), cuyo objetivo es estudiar lo que ocurre en el “periodo primal” (desde la concepción al primer año). Su conclusión, es que igual que nuestra salud se determina durante el período primal, la forma en que nacemos y somos criados determina nuestra capacidad de amar.
Sus obras, artículos y cursos son fundamentales para entender la nueva concepción del nacimiento, en el que, el respeto a la esencia mamífera de los bebés y a la naturaleza del parto, son fundamentales.

“El gran descubrimiento de la segunda mitad del siglo XX,
fue comprobar que los bebés necesitaban a su madre”
Michel Odent

Para llegar a esta afirmación, aparentemente tan evidente, los investigadores sensibles con el tema tuvieron que pedir permiso a los comités de ética médica para poder llevar a cabo el “experimento”. Querían estudiar el efecto que tenía dar el niño a su madre después del parto. Según Odent, el trabajo en el siglo XXI será redescubrir las necesidades de la mujer que da a luz para contrarrestar los cientos de años de condicionamientos culturales.
Este redescubrimiento pasa por conocer la fisiología del parto y darle máxima importancia, entre otros, a la hormona del amor: LA OXITOCINA.
La Oxitocina es una “hormona tímida” según definición de Liliana Lammers, y es el primer componente del cóctel del amor, que todos los mamíferos necesitan liberar para parir a sus crías. Además, es necesaria para el alumbramiento de la placenta, está presente en el reflejo de eyección de la leche en la lactancia y en el acoplamiento sexual entre mujer y hombre.
En la hora siguiente al nacimiento se da un pico de oxitocina, estimulado por el primer contacto entre la madre y el bebé. Es por eso que en todas las situaciones descritas anteriormente, los humanos sentimos la necesidad de intimidad y de escondernos de las miradas para no sentirnos observados. Para que la oxitocina fluya libremente, la mujer necesita mucha intimidad.
Ya se puede decir, porque lo avalan los estudios científicos, que la liberación de la oxitocina depende de lo que sucede en el entorno y que esta hormona es “menos tímida” si el entorno es femenino. La Historia muestra que los partos siempre han estado acompañados por otras mujeres.
Hacia la mitad del siglo XX aumenta de forma increíble la masculinizació n del entorno del parto, fundamentalmente hospitalario. En los años 70 aparecen las teorías de participación del padre en el parto, la introducción de la maquinaria tecnológica, la especializaciones médicas, y en los últimos tiempos, la influencia de la imagen y de los soportes visuales dentro de los partos, como vídeos y fotos.
Para entender el funcionamiento de la oxitocina también es necesario entender cómo actúa su antagonista la Adrenalina. Esta se segrega en situaciones de urgencia, miedo o frio, es decir, si segregamos adrenalina inhibimos la segregación de oxitocina tan necesaria para parir. Para que un parto funcione, es importante que la adrenalina se encuentre en niveles muy bajos en la madre y en las personas que la rodean, incluido el padre. La duración de un parto es proporcional al índice de adrenalina de las personas que lo rodean.
Los humanos, como los primates, nos caracterizamos por tener muy desarrollado nuestro neocórtex. Esta corteza cerebral debe ponerse en reposo en el parto, tarea difícil cuando frecuentemente hay estímulos en el entorno del parto que se encargan de ponerlo en funcionamiento. No hay mejor manera de conseguir que un parto sea largo, difícil y doloroso y por consiguiente, más peligroso, que estimulando el neocórtex.

Algunos de estos estímulos para el neocórtex son:

El lenguaje racional: El silencio es una necesidad básica de la mujer que da a luz. El lenguaje, y en particular las preguntas dirigidas a la mujer que está pariendo, puede interferir en el proceso fisiológico del parto
La iluminación: La oscuridad favorece el trabajo de parto porque pone en reposo el neocórtex
La intimidad: Sería necesario empezar a tomar consciencia de lo que realmente significa la palabra intimidad en todas las fases del parto. Para que el proceso fisiológico se lleve a cabo con normalidad, la mujer no debe sentirse observada por nadie
La seguridad: Es una necesidad básica de la mujer que pare. El entorno, una vez más, ha de proporcionar un ambiente de completa seguridad, de intimidad, donde la mujer pueda ser totalmente espontánea, en una habitación en penumbra, y dónde no se sienta observada.

Parece una paradoja entender esto si tenemos presente cómo se desarrollan habitualmente, la mayoría de partos hospitalarios en nuestro medio. En las situaciones donde la mujer tiene índices de adrenalina tan altos, resulta difícil imaginar como el parto puede transcurrir con normalidad.
Después del nacimiento del bebé, la madre tiene el pico de oxitocina más alto de toda su vida. La necesidad de intimidad no termina después del nacimiento. El ambiente que no perturba el parto es también el que no perturba el primer contacto entre la madre y el bebé. Es el primer cruce de miradas. Los ojos del bebé atraen los ojos de la madre y los de la madre al bebé. Parece ser que este cruce de miradas es un momento privilegiado en la futura relación madre-bebé y NUNCA tendría que haber nadie que lo perturbara. En este momento se debería producir la primera tetada; la piel, la mirada y la estimulación del pezón, harán segregar la hormona necesaria para que se produzca el reflejo de expulsión de la placenta.
Otra práctica habitual y no menos innecesaria es el pinzamiento o el corte temprano del cordón umbilical. Con esta práctica tan frecuente, se priva al bebé de una cantidad importante, alrededor de 40 mg, de sangre rica en elementos minerales y de células madre.
Quizás tengamos que replantearnos la clasificación actual de partos que dice que estos se dividen en partos vaginales y cesáreas, y clasificarlos en función de si un parto se ha producido con liberación de la hormona del amor o sin liberación de la hormona del amor, tal y como propone Michel Odent.
En este contexto, parece necesaria la presencia de una figura maternal que proteja a la mujer del entorno. El fenómeno DOULA demuestra que puede ser esta la persona protectora que necesita la madre. Tradicionalmente las madres transmitían a sus hijas los conocimientos sobre el embarazo, el parto y el puerperio, y los sentimientos profundos añadidos a estos estados. Las doulas resurgen para retomar la red de apoyo entre mujeres, a la vez que pueden ayudar a refeminizar el parto, y recuperar la realidad de la maternidad como revolución vital en la vida de una mujer.

Por Mª José García-Robles

El comienzo de algo maravilloso

Me llevo tantos regalos del pasado taller...
Fue mágico tanto por las personas que le dieron vida, intimidad y apertura de corazón como por el entorno y las personas que amo que hubo alrededor. Siento mucha gratitud... es difícil de explicar, se dió el cierre y el comiezo de algo sutil e importante para mi. Gracias por estar ahí.
Gracias Nel por ser el impulso, el ánimo, el motor y la difusión de esto que no acaba más que empezar.
Gracias Sunie por contener todo el día a nuestra pequeña con una sonrisa.
Gracias Nuria por aceptarme, por confiar en mi forma, por abrir tu corazón también a las heridas, gracias por albergar con esa alegría y fuerza a tus dos bebés.
Gracias Julio por darle vidilla al taller. Gracias por acompañar con tanto amor y dedicación a tu familia, en la que me incluyo. El libro que me regalasteis está siendo una bendición, me ha abierto la visión ¡es alucinante!
Gracias Loli por comprometerte con el alma que algún día llegará de forma temprana, para preparar de la forma más consciente posible el camino y su llegada.
Gracias Raul porque tus dudas no te impiden entregarte... te lanzaste a algo desconocido y todos nos llevamos el regalo. Tu silencio hablaba por si solo.
Gracias Raquel, gracias por tu coraje, por aprovechar la oportunidad para sanar. Me has enseñado mucho, me has enseñado la importancia de dejar que todo ocurra sin prejuzgar. ¡Qué sabemos nadie!
Entre todas y todos abrimos un espacio abarcador que todavía llevo en mi corazón.

Nos vemos pronto,
Dara